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Nicolás Romero: El personaje histórico

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NICOLAS ROMERO: EL LEON DE LAS MONTAÑAS

Juan de Dios Peza, conocido como el poeta del hogar y la familia, fue una de las glorias literarias del México del siglo XIX. Nació en 1852 y murió en 1910.
Entre su obra, se encuentran unas memorias dedicadas a Benito Juárez, y en la descripción de ese personaje y su época, dedica un capítulo a El león de las montañas: Nicolás Romero. Si bien se trata de un texto relativamente breve, nos llevará algunas semanas presentarlo completo en estas páginas. Se trata del capítulo XII del libro Memorias. Epopeyas de mi patria: Benito Juárez, de Juan de Dios Peza, publicado por Factoría Ediciones, primera edición en 1998. El texto original data de 1904.
Entre los guerrilleros que con ejemplar arrojo combatían la intervención francesa, descollaba Nicolás Romero.
Era un hombre de treinta tres años, sencillo, modesto, sin otra ambición que la de luchar sin descanso contra el enemigo extranjero, sin medir los peligros ni contar a los contrarios.
Vivía como las águilas, entre las rocas escarpadas de la sierra, sirviéndole de almohada muchas veces la montura que quitaba a su caballo consentido, que junto a él quedaba velándolo, y que ya estaba enseñando a despertarlo al primer ruido o al ver aproximarse a alguno cerca del sitio donde descansaba su amo.
Vestía siempre de negro, con el pelo cortado al rape, el rostro afeitado, sin ninguna insignia militar que denotara rango, categoría o superioridad entre sus compañeros.
Había servido con el bravo Aureliano Rivera, a cuyo lado se batió muchas veces con denuedo, y luego se fue con el general Vicente Riva Palacio, a quien profesaba verdadero culto de cariño y de respeto filial.
Prudente, callado, con la apariencia de campesino y la cautivadora humildad de un ser bondadoso, servicial y tímido, nadie, al mirarlo, comprendía su bravura ni sus ardides para lograr el éxito en los combates.
Sus proezas en Venta del Aire y en Angangueo le habían hecho popular y temible, y desde encopetados cortesanos hasta los peones de los ranchos más insignificantes, sabían que a la hora de batirse admiraba con su calma estoica y con la habilidad no aprendida con que burlaba los planes del enemigo.
Sus ojos penetrantes y vivos, relampagueaban bajo el ala negra del ancho sombrero que llevaba siempre hundido sobre las cejas.
En ese incomparable y hermosísimo vergel de nuestra República que se llama el Estado de Michoacán, y especialmente en el tantas veces heroico Zitácuaro, no se perderá la memoria del audaz guerrillero, a quien los franceses denominaban con justicia: el león de las montañas. Era el mejor soldado y el amigo más adicto a Riva Palacio.
Con Romero brillaban como valientes, dignos de su predilección, Filogonio Gutiérrez, que murió en Tacámbaro, Silvano Gómez y Vicente Bárcena Villagrán, que perdió una pierna en campaña, los tres originarios de Huichapan; el inolvidable Luis Robredo y Modesto García, naturales de Nopala, muertos heroicamente en Tacámbaro; Bernal, que en el asalto de Uruapan, le arrebató la vida una bala que le atravesó el corazón, y Luis Carrillo, que vino a morir en Querétaro al frente de sus soldados.
Eran todos ellos incansables para la lucha, y no es posible recoger la lista de los que a su lado morían en defensa de la patria.
Héroes ignorados, no tienen tumbas donde poner como cariñosa ofrenda las coronas de laurel y encina que se consagran a los inmortales; pero la patria los bendice, los ama y reconoce que sus esfuerzos contribuyeron en mucho a darle la felicidad que ambicionaba en aquellos días de prueba.

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EL CHINACO

Los chinacos eran hombres de campo, audaces en sus faenas y labores cotidianas y valientes jinetes, características éstas que supieron aplicar con maestría cuando pasaron de sus tareas campiranas a sus actividades bélicas durante los diversos conflictos que hubo en México en aquellos años de los siglos XVIII y XIX. Es el chinaco, por muchos motivos considerado el antecesor del charro actual.
Fueron hábiles jinetes y muy diestros en el manejo de la lanza, de la reata y aún de las armas de fuego que existieron en ese tiempo. Portaban un atuendo característico que consistía en una chaqueta corta y calzonera abierta lateralmente de la rodilla hacia abajo con botones de adorno en la abertura, haciéndose famosas también las camisas rojas que acostumbraban, así como sus sombreros de ala ancha y similares a los que usan los picadores españoles. Se les conocía como Rojos (por la camisa roja que solían portar) o Plateados (por las botonaduras de plata de sus trajes).
Sin duda fue de gran importancia la participación de los chinacos como guerrilleros, primero en la guerra de Reforma y posteriormente durante la intervención francesa en México; sobre éstos combates contra el ejército francés de Napoleón III, en aquel entonces el primer ejército del mundo me es casi imposible dejar de mencionar aquí la enorme valentía de aquellos audaces jinetes, pues el armamento que usaban los chinacos era rudimentario en comparación con el traído por el enemigo, y aunque ya contaban con armas de fuego, fueron la lanza y la reata sus armas preferidas a la vez que temidas por los invasores. Cabe mencionar también que estas fuerzas de guerrilla conformaron un apoyo incondicional y a la vez muy efectivo a lo que en aquel entonces era el joven Ejército Mexicano.
Tal vez el prototipo del chinaco de aquellos tiempos sea, sin temor a cometer una falta grave al dejar de mencionar a tantos otros valientes, el "León de las montañas" Nicolás Romero, nacido en Nopala en el actual Estado de Hidalgo y apodado así por los propios zuavos (soldados franceses de la época) de quienes se convirtió en el azote usando únicamente su reata, su lanza, su caballo y su sin igual astucia. Bajo su mando fueron comunes las escenas de aquellos chinacos combatiendo a los zuavos y a los Cazadores de Africa, memorable caballería francesa conocida por su arrojo y valentía en combate y que se distinguían por sus hermosos caballos árabes y su pesados sables.
Pasados los conflictos que en aquellos años se vivieron en México y una vez reinstaurada la naciente República Mexicana, el entonces presidente de la nación General Porfirio Díaz Mori empezó a conformar unos cuerpos de seguridad para la nueva República a base de chinacos que habían sido guerrilleros y que habían luchado en tantas batallas, teniendo como principal encomienda el resguardar la tranquilidad de los caminos que eran asediados en aquel entonces por gavillas de bandoleros, iniciando así los primeros cuerpos de defensa rurales que tuvo México.

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CORRIDOS A NICOLAS ROMERO

EL CORONEL ROMERO
L. Antonio Vargas Martínez
M. Pedro Galindo Soto
(Tomado del Libro: Azcapotzaltongo
de Antonio V. Carrillo.)

Cuando se cuenta la historia,
dicen que canta un jilguero,
por esos hombres valientes
como Nicolás Romero.

De cuna había sido humilde,
su vida había sido creces,
pero más tarde sería
el terror de los franceses.

Fue un humilde campesino
dedicado a su labor,
abandonaba su pueblo
para irse de tejedor.

Cuando la Revolución,
se convertía en un infierno,
abandonó su telar,
para servir al gobierno.

Habían llegado invasores
y famosos guerrilleros,
se vinieron a topar
con un Nicolás Romero.

En el imperio sabían
de toditas sus hazañas,
por algo lo conocían
como El León de las Montañas.

El general Zaragoza,
le había pedido un favor,
que fuera hasta Michoacán
a ejecutar a un traidor.

Una mariposa negra,
era la que le avisaba,
camino a Maravatío,
prisionero lo tomaron.

Vuela, vuela palomita,
a donde canta un jilguero,
que un pueblo lleva ese nombre,
Vila Nicolás Romero.

Nació en Nopala Hidalgo,
en donde canta un jilguero,
todos dicen que es el alma
del famoso guerrillero.


DE NICOLÁS ROMERO
Anónimo
(Tomado del Libro: Azcapotzaltongo
de Antonio V. Carrillo.)

Viene Nicolás Romero,
Como valiente y osado,
con Aureliano Rivera
Que al mocho ya ha derrotado.

Es impetuoso y ardiente,
Y combate con valor
Al francés y al mexicano
Que se ha unido al traidor.

En cien acciones de guerra
Como valiente ha lucido,
Michoacán fue ya testigo
De sus hechos singulares.

Ahora sobre ellos, muchachos
grita Nicolás Romero,
vamos a desbaratarlos
cual manada de borregos.

El francés retrocedía,
cuando miraba al valiente,
que con grandiosa osadía
con su guerrilla combate.

Ganó en acciones de guerra,
y combatió valeroso,
con su espada que blandía
se portó como un coloso.

Michoacán fue la guarida,
fue el sitio de sus hazañas;
y como buen guerrillero
tuvo siempre buenas mañas.

Era el rayo de la guerra
ese rústico campeón,
y no había otro tan valiente
en todita la nación.

Los franceses le temieron,
porque él no conocía el miedo,
y a su nombre a más de cuatro
se les arrugaba el cuero.

En las guerras contra Francia
fue el primero entre los bravos,
ya que siempre repetía:
México no tiene esclavos.

En Tacámbaro y por Ario,
y lo mismo en las montañas,
se batió como guerrero;
grandes fueron sus hazañas.

Riva Palacio decía:
Ahora sí que venceremos,
viene Nicolás Romero,
y a franceses coparemos.

Toditos los combatientes
reconocieron su hombría,
y él en su caballo moro
su machete así blandía.

Estando ya por Zitácuaro,
le vinieron a decir
que el francés con sus legiones
lo atacaba y debía huir.

Él les respondió altanero:
Combatiré con denuedo,
yo soy puro mexicano,
y no conozco yo el miedo.

A inmediaciones del pueblo
fue la acción y la perdieron
los valientes de romero,
que a la mala sucumbieron.

Él ya sólo busca abrigo
en las ramas de árbol grande,
mas al fin lo descubrieron,
sin que él pidiera las frías.

Un gallo lanzó un volido,
n'el árbol buscó refugio,
cuando vio que perseguido
se le llegaba su turno.

Esa fue su perdición
y no hubo ya componendas,
y sorprendido en el punto
le pusieron centinelas.

Lo trajeron prisionero,
a la mera capital,
y sin ningún miramiento
le aplicaron el dogal.

En la plaza de Mixcalco,
al sonido de la diana,
fue matado aquel valiente
a la luz de la mañana.

Antes de la ejecución
¡Viva México! decía,
mátenme, que al cabo a ustedes
se les llegará su día.

El año sesenta y cinco,
miren lo que sucedió:
un valiente entre los bravos,
por valiente se murió.

Nicolás Romero fue
el guerrillero afamado
que con nobleza y valor
por doquiera fue aclamado.

Vuela, vuela, palomita,
llévale la despedida
a ese que murió luchando
por la patria tan querida.


EL LEON DE LA MONTAÑA
Letra: Profr. Eulalio Flores
Música: Martín Romero P.
(Tomado del libro Coronel Nicolás Romero Episodios Heroicos
de Lucio Barrueta Durán y Crispín Duarte Soto)

Vengo a rendir homenaje
al valiente guerrillero,
noble León de las Montañas
fue don Nicolás Romero.

Valeroso jinete
era chinaco gallardo
fue campesino primero
y obrero en Molino Viejo.

En el gobierno de Juárez
al servicio de la patria.
él combatió al invasor
por la causa libertaria.

Romero fue respetuosos
nunca a nadie maltrató
implacable con los traidores
fue un militar de honor.

El sobrenombre lo lleva
por sus valiosos embates,
era indomable en la lucha
noble después del combate.

El invasor extranjero
lo acusaba de bandido,
yo soy un buen mexicano
a mi patria he defendido.

Óyeme bien Lamadrid,
sorprenden al guerrillero,
Papatzindán Michoacán
lo vio hacerlo prisionero.

Después de tantas batallas
y del valor demostrado,
el día 18 de marzo
Romero fue fusilado.

Adiós Nicolás Romero
no olvidaré tus hazañas
adiós, adiós coronel
noble León de las Montañas.


CORRIDO A NICOLÁS ROMERO
Música y Letra: Pedro Roa Olmos
(Tomado del libro Coronel Nicolás Romero Episodios Heroicos
de Lucio Barrueta Durán y Crispín Duarte Soto)

Señores tengan presente
lo que les voy a cantar,
del coronel que en Mixcalco,
lo mandaron fusilar.

Nacido en cuna humilde
en el pueblo de Nopala,
año de mil ochocientos,
el veintisiete surcaba.

Sin conocer la escritura
aprendió oficios textiles
dejando el campo y su tierra,
buscando nortes fabriles.

En Colmena trabajó,
dándole honor a esta tierra
por una riña en amores,
se fugó para la sierra.

Por azares del destino
Guerrillero se formó
lucha gloriosa fue en Puebla
a los franceses venció.

Siguiendo con sus guerrillas
en los montes perseguía
con tretas y escaramuzas
mostrando su valentía.

Le gritaban los chinacos
Viva Nicolás Romero
acabará con traidores
porque él es el mero mero.

Riva Palacio mandó
a este león de las montañas
vas a agarrar vivo a Becker
para eso tienes tus mañas.

Entre fuerzas enemigas
el chinaco se las vio,
pasó esto en Puerto Medina,
y con sable lo aprendió.

Una mariposa negra
se le paraba en la ropa
quítense de aquí quijotes,
que el azabache se aloca.

Sucedió en Papatzindán
cuando seguía a Salazar
que por el canto de un gallo
lo llevan a fusilar.

Martirizaban a un hombre
de cara al prisionero
déjenlo, no lo maltraten
yo soy Nicolás Romero.

Una mujer angustiada
llora por su prisionero
que devuelvan a su hachero,
el de la blusa colorada.

Su chaparrita en Toluca
era su chata adorada
allá te espero en el cielo
cuando llegue la alborada.

Señores tengan presente
del corrido de mi pueblo
que viva este municipio...
¡Viva Nicolás Romero!


GUERRILLERO
Autor: Anónimo.
(Tomado del libro Coronel Nicolás Romero Episodios Heroicos
de Lucio Barrueta Durán y Crispín Duarte Soto)

Suena el cañón, los suavos se estremecen,
brillan al sol las limpias bayonetas,
se escucha el atacar de las baquetas,
y se juegan las muelles del fusil.

Forman su extensa linea de batalla,
el extranjero y el traidor maldito,
no se oye ni una voz, ni un solo grito
solo el sonar del rudo proyectil.

¡Allí van, allí van! se exclama entonces,
se fija la mirada entre la hojosa selva,
por donde atraviesan silenciosa,
pobre tropa, raquítico convoy.

¡Es nuestra la victoria, viva Francia!
exclaman los franceses y traidores
que nos vengan más cruces, más honores,
que vencer, nada más, tenemos hoy.

¡A ellos! gritan los jefes, los soldados,
se cargan los fusiles, los cañones,
sale el sable, se agitan los trotones,
¡soldados del imperio, a ellos volad!

Pero... ¿por qué los fieles se dispersan?
¿qué sucede en el campo de batalla?
El imperial valor que se desmaya,
ese grito... ¿no oís? ¡la libertad!

Lejos arroja el zuavo su mochila
y el correr afra toda su esperanza,
mira el chinaco y su terrible lanza,
y suspira su pecho por Argel.

El traidor no se acuerda del caballo,
huye a esconderse en la fragosa sierra,
y ya muy lejos de la terrible guerra,
suspira por su sable y su corcel.

Ancho el sombrero y terciado,
su pistola en la cintura,
en la frente la bravura
y con valor sin igual.

Ha concluido la pelea
el valiente guerrillero:
él es ¡Nicolás Romero!
el soldado liberal.

Zitácuaro, Agosto de 1866.-R.E.


CANTO A DON NICOLÁS ROMERO
Autor: Servando rueda Cázares.
(Tomado del libro Coronel Nicolás Romero Episodios Heroicos
de Lucio Barrueta Durán y Crispín Duarte Soto)

Toquen tambores y clarines,
que no los doble la metralla
los chinacos están en la batalla
en Zitácuaro y todos sus confines.

Defienden la patria y la Libertad
con indomable valor y lealtad
con tributo de sangre y vida
tienen anónima gloria erigida.

Ario, Huetamo, Toluca y Tacámbaro
recuerdan a Don Nicolás Romero
Hijo Predilecto de la Heroica Zitácuaro
el incansable y tenza guerrillero.

México recuerda al León de las Montañas
al ilustre chinaco, heroe de mil batallas,
defensor de la libertad hasta las entrañas,
Zitácuaro guarda tus épicas hazañas.

Tlalpan y el Ajusco te vieron crecer,
la Montaña y tierra Caliente vencer
al orgulloso europeo invasor
y al pérfido galante traidor.

Al recordarte Zitácuaro se estremece
al paso de la caballería guerrillera,
al frente Don Nicolás Romero aparece,
fiel defensor de la tricolor bandera.

Defendiste México, la Patria mía
en la hora más triste y sombría
sojuzgada por la Francia imperialista
embelesada en afanes de conquista.

Sostuviste la llama de la libertad
ante la fuerza de la inequidad,
la defendiste con indomable valor
contra las armas del invasor.

cerro del cacique, mudo testigo
del triunfo sobre el traidor Márquez,
que de la libertad sintió el látigo
y la derrota derrumbó su altivez.

papatzindán, escenario de tu prisión,
Mixcalco, lugar de tu sacrificio,
dejó de latir tu gran corazón
la tierra al chinaco cobijó.

Mas sigue perenne tu pensamiento,
sigues cabalgando libre como el viento
desde la montaña a Tierra caliente
con grandeza de hombre leal y valiente.
Tu nombre en la historia se agiganta
guerrillero de semblanza inmortal.

Los mexicanos veneramos tu ejemplo
la patria enseñorea tu memoria
que de libertad y sacrificio es templo,
al héroe las guirnaldas de la Gloria
y letras de oro en la Historia.

Toquen tambores y clarines
que no los doble la metralla
los chinacos están en la batalla
en Zitácuaro y todos sus confines.

Biografías
de Nicolás Romero

En 1973, el Ayuntamiento publicó un Folleto Biográfico de nicolás Romero, el personaje del que tomó su nombre el municipio.

Posiblemente la primera biografía de Nicolás Romero fue escrita por Antonio Albarrán en 1895. Lo invitamos a que la conozca

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NICOLAS ROMERO

Nació en Nopala, Hidalgo, en 1827; murió en la ciudad de México en 1865.
Su oficio era textilero, laboró en diversas fábricas de telas en la ciudad de México y el pueblo de Tlalpan. También se dedicó a la agricultura.
Cuando comenzó la guerra de reforma, en 1858, se adhirió a las tropas de Aureliano Rivera, las que combatieron con éxito.
Cuando terminó la guerra, se reincorporó a su trabajo de agricultor; sin embargo, dejó la tierra para organizar una guerrilla en contra de los ejércitos invasores franceses.
Recibió el mote de León de la Montañas por su arrojo a toda prueba y por ser un excelente jinete.

Bajo las órdenes del general Vicente Riva Palacio, Romero combatió en los estados de México, Michoacán y Guerrero.
Fue hecho prisionero por el enemigo en la cañada de Papazindán, Michoacán, y trasladado a la capital, donde fue sentenciado a muerte, fue ejecutado en la plaza de Mixcalco.

Juan A. Mateos escribió una emotiva crónica acerca de la captura y muerte de Nicolás. Conózcala:

El Informativo, el Periódico de Nicolás Romero